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domingo, 25 de marzo de 2012

Un Rufián En Mi Habitación (parte 2)

-Debes de estar de broma.- masculle al verlo sentada en el borde de la ventana

 -Hola de nuevo rojita.- dijo con una media sonrisa 

 -Veo que no tienes nada bueno que hacer. Bueno, salvo el hecho de venir solo a molestarme. Por supuesto.- me acomode mejor en la cama y lo encare cruzándome de brazos Tristán se me quedo mirando divertido. 

Sacudiendo la cabeza ligeramente, paso una mano entre su cabello negro, alborotándolo un poco y dándome un media sonrisa con sus carnosos labios. Estaba más que segura que ese acto hacia que varias chicas suspiraran y desearan ser besadas por esos labios. Por suerte ese no era mi caso, aunque…. ¿cómo se sentirían sus labios? ¿Bien o mal?-Ay por dios ¿pero qué rayos estaba pensando? ¡¡ASCO!!-.me dio un ligero escalofrió por haber pensado en tan semejante acto. 

-Vaya-. Frunció el ceño todavía sonriendo-. Me sorprendes. Tu falta de modales, sí que deja mucho que desear. Pienso que deberíamos ocuparnos de ese problemita un día de estos.- rodé los ojos. 

Se levantó y se dirigió a la cama para sentarse en el borde. Instintivamente me aleje de él-. Hey, tranquila pequeña, no te hare nada malo-. soltó un pequeño silbido-.Whoa. Sí que eres desconfiada

 -Si, bueno, estar aquí a solas en mi habitación, débil, después de haber sobrevivido de un devastador incendio y contigo como compañía, no es la mejor forma de “tranquilizarme”-. Le señale, haciendo un gesto con la cabeza hacia él. -Creo, que olvidas el pequeño detalle de que esta persona, ósea, yo, te salvo la vida, mi pequeña cabeza de zanahoria desagradecida-. Me dio un pequeño golpecito en la nariz con su dedo índice. 

 Quite molesta, con mi mano su dedo. Lamentablemente él tenía razón en eso, no le había agradecido ¿está por eso, que se había medito a hurtadillas a mi habitación por un agradecimiento? ¡Ja! Pero qué arrogante-patético-al mi parecer 

 -Oh. Bueno, si un gracias es lo que buscas entonces: Gracias-. Le di una falsa sonrisa 

 -Si esa es tu forma de agradecer, no quiero ni imaginarla de disculparse.- chasqueo la lengua-. eres algo fría. como un bloque de hielo.  
-Vaya, mis disculpas su real majestad. Y lo dice el tipo que se me llama por un distinto apodo cada 5 minutos y ¡oh! Lo olvidaba- se mete a hurtadillas, a la habitación de un indefensa joven.- puntualice arqueando las cejas 

-En mi defensa, señorita. Mi intención era entrar por la puerta como una persona civilizada, pero desafortunadamente el sabueso de su prometido me negó el paso, por lo que tuve que tomar algunas medidas no muy gratas para este humilde caballero-. Hizo una pequeña inclinación con la cabeza. 

 -¿Tu? ¿Humilde caballero? Un momento por favor, creo que no escuche bien. De todo el día, eso ha sido lo más gracioso que he escuchado-. Poniendo los ojos en blanco, me reí tapándome la boca para que nadie más me escuchara. Seguí haciéndolo cuando vi a Tristán poner mala cara.- Perdón por con secundar esa triste comparación. 

 -Sí que tienes una muy pequeña percepción de lo que es gracioso.- dijo recargándose un poco en la cama.  

-Y tú, un muy vano conocimiento sobre lo que es ser un verdadero caballero-. Comente, encogiendo lo hombros. Aparte rápidamente mis pies de donde se encontraba su brazo derecho. No quería tocar a ese estúpido. 

 -Estoy más que seguro que tus conocimientos sobre la materia, respecto a cualquier tema sobre hombres, te deja claramente en la ignorancia, mi querida amiga-. Se inclinó un poco, haciendo a que existiera un relativa “pequeña” distancia entre nuestros rostros. 

 -Y tu grado de ineptitud, raya en la imbecilidad querido amigo.- lo mire desafiante, al fin dejando de sonreír. 

 Nos quedamos un pequeño rato mirándonos de esa forma, yo ni loca cedería ante su picara, curvada (algo sexi) sonrisa suya. Lo mire directamente a los ojos para desafiarlo más; todavía había algo en el que se me hacía conocido, pero en ese instante vino una especie de flash. 

Me encontraba en el bosque. Estaba realmente soleado ese lugar, que me era raramente familiar, me levante ¿Por qué todo se veía tan grande? Mire mi mano y era demasiado pequeña ¿era yo de niña? 

 -No te dejes molestar por tu hermano, cuando se burle de tu cabello-. Dijo una extraña voz a mi lado, pero no vi el rostro del hombre 

 -Dice que cuando me enojo, me pongo del mismo color que este.- refunfuñe-. Se burla diciéndome que parezco un tomate. Lo odio, es horrible.- tome un mechón y lo mire con desprecio ¿antes yo odiaba mi cabello? ¿Cuándo? 

-Tu cabello no es para nada horrible Vigi, es hermoso y algún día tú también te darás cuenta de que lo es-. Explico amablemente aquel hombre acariciándolo delicadamente. Quise mirarlo, pero aquella imagen se esfumo de la misma forma en que había llegado. 

Mire a mí alrededor algo confundida ¿De qué estaba hablando antes? Era algo sobre…Hmm, no me acuerdo bien. Abrí los ojos como platos al ver que frente a mis narices estaba el idiota de Tristán ¿Pero qué diablos estaba haciendo aquí ese patán?

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